miércoles, 29 de octubre de 2008

ORGANIZACION Y MOVILIZACION DEMOCRÁTICAS

CONTRA LA POLÍTICA URIBISTA, LUCHA DEMOCRÁTICA DE MASAS

Organización Colombiana de Estudiantes, Bogotá 17 de septiembre de 2008

La OCE, Organización Colombiana de Estudiantes, es una organización de masas que ha ejercido una lucha democrática y civilista en contra de las políticas privatizadoras impuestas por el gobierno de Álvaro Uribe Vélez que, en cumplimiento de los designios del capital financiero, convierte la educación en una vulgar mercancía.

Ante la crisis de la educación superior derivada del desmonte de la financiación estatal, la violación de la autonomía universitaria, el deterioro de la calidad y el continuo recorte de los derechos democráticos de estudiantes, trabajadores y profesores, es necesario unirnos en torno a un programa que defienda la universidad pública.

La actual campaña de macartismo contra el movimiento universitario y estudiantil, forma parte de la intentona del gobierno de Uribe Vélez por militarizar la vida universitaria y recortar aún más los derechos democráticos en el alma mater.

Reivindicamos el derecho del estudiantado a resistir la política uribista recurriendo a métodos enmarcados en la lucha civil y democrática. Por lo tanto, no compartimos las formas de resistencia que se salgan de estos límites. Sólo la organización y la movilización del conjunto de los estamentos universitarios permitirán que alcancemos el objetivo de defender una educación pública, científica y al servicio del interés nacional.

EN VEZ DE TIERRA REPARTIR PALO

EN VEZ DE TIERRAS, REPARTIR PALO

Daniel Samper Pizano, El Tiempo, Bogotá, octubre 22 de 2008

Tras haber soportado desde hace cinco siglos la persecución de conquistadores, encomenderos, terratenientes, políticos, militares, policías, bandoleros, guerrilleros y paramilitares, los indígenas ahora también tienen que aguantar la imagen de gente violenta que se transmite de ellos y hasta las mofas de algunos columnistas.

Una de las tragedias más deplorables de este país es que desapareció el espacio de protesta social, que forma parte de toda democracia. Mientras los indígenas se arriesgan al exterminio, el único camino abierto a millares de campesinos atenazados en un extremo por los grupos violentos que los desalojan y en el otro por la pobreza económica y el desamparo legal es el del éxodo: escapar del peligro y la miseria, cambiar cosechas por semáforos.

En circunstancias normales, tendrían que haberse hecho oír; haber protestado, desfilado, marchado. Pero las circunstancias en que se desarrolla la política campesina desde hace tiempos no es normal. Nos hemos desacostumbrado tanto a la normalidad que expresiones de protesta no solo comprensibles sino justificables se miran como si fueran actos subversivos o, peor aún, avances terroristas. La prueba es que una huelga de corteros o una marcha indígena -dos movimientos que serían perfectamente lógicos y legítimos en cualquier democracia actuante- reciben en Colombia catalogación de subversivas y ayudan a justificar la declaratoria de conmoción nacional.

Aclaro de inmediato, para desilusión de macartistas, que repudio toda forma de violencia: condeno por igual el explosivo que hace perder las manos a un modesto suboficial de la Policía y las palizas a los campesinos que protestan. No debe alarmarnos que se produzcan marchas y paros: son parte del quehacer de una sociedad que respira. Lo que sorprende es que no haya más protestas en un país cuyas condiciones de vida son vejatorias e insultantes para millones de ciudadanos pobres; en particular los que pertenecen a minorías tradicionalmente explotadas o perseguidas.

Cuando a modo de queja los campesinos obstruyen una vía o inician una caminata, saltan de inmediato las voces que exigen aplicarles "todo el peso de la ley". Resulta curioso que esas leyes que reprimen a quienes protestan no sean tan benévolas como las que permiten a los autores de masacres lavar sus crímenes con unos pocos años de prisión o las que se diseñan para que políticos comprometidos con el paramilitarismo puedan volver a la calle.

El reciente informe de Human Rights Watch sobre nuestro país señala que "en Colombia, más que en cualquier otro país del hemisferio occidental, la violencia ha corrompido y socavado la democracia". Luego de acusar a guerrilla y autodefensas de toda clase de violaciones de derechos humanos, la conocida ONG agrega que los paramilitares "han devastado gran parte del país" y masacrado, torturado y desaparecido a "incontables hombres, mujeres y niños". ¿Quiénes son sus más inermes víctimas? "De manera muy lucrativa -responde el informe- han forzado a cientos de miles de pequeños terratenientes, campesinos, afrocolombianos e indígenas a abandonar sus tierras productivas. En muchos casos, los paramilitares o sus cómplices se han apropiado de las tierras abandonadas, mientras que las víctimas se han visto obligadas a vivir en la miseria en zonas urbanas marginales".

Algunos de estos grupos se atreven a quejarse e interrumpir carreteras, lamentable actuación que, sin embargo, garantiza que su caso aparecerá en la prensa y en los noticieros y, de todos modos, bastante menos dañina que las masacres impunes que constelan el mapa colombiano. Ellos son los villanos de turno. Contra ellos se piden leyes rigurosas y se exige mano dura. Como si la historia no lo hubiera sido en exceso.

domingo, 11 de mayo de 2008

El problema es la seguridad alimentaria nacional

Aurelio Suárez Montoya

Cuando estaba en discusión el TLC con Estados Unidos, el entonces ministro de Comercio, J. H. Botero, ahora funcionario del Banco Mundial, escribió así para validar la inicua negociación pactada: "Burkina Fasso, un país pobrísimo, cuya renta per cápita es el 11 por ciento de la nuestra, hace bien en cultivar algodón, sorgo y mijo en exceso de sus propias necesidades de consumo para comprar en el exterior los alimentos que con tanta urgencia demanda". ¿Qué dirá ahora cuando en Burkina Fasso se están dando las peores huelgas por hambrunas? En esa misma tesis neoliberal insiste el Ministerio de Agricultura al decir: "El país está blindado ante la silenciosa embestida de la crisis alimentaria de nuestro tiempo" y argumentar que la balanza comercial agrícola es positiva, que la oferta nacional cubre el 90 por ciento de la demanda y que algunos importados "no son alimentos" porque se emplean en "sustento animal". Con tales sofismas se busca ocultar la grave realidad de la inseguridad alimentaria que vive Colombia.

La crisis de la comida ya llegó. Se expresa en el alza de sus precios en 7,15 por ciento de enero a abril. La inflación total de la economía es de 4,15 por ciento, cifra en la que pesan los alimentos, ya que el gasto de los hogares en ese renglón es el 33 por ciento de su ingreso. En los últimos quince meses, las harinas subieron 23,26 por ciento, las pastas, 32,54 por ciento, el pan 16,1 por ciento y los aceites 37,95 por ciento, todo lo cual tiene que ver con que en 1990 se producían 123 kilos de cereales por habitante y en el 2007 92, con que se importe el 65 por ciento del maíz, el 95 por ciento del trigo, el 99 por ciento de la cebada; la lenteja, el garbanzo y la arveja seca y el 33 por ciento del fríjol; con que sólo se produzcan 100.000 toneladas de sorgo y 50.000 de soya y con que el PIB agropecuario crezca mucho menos que el resto de la economía.

Ante la carestía, se llama a sustituir alimentos "caros" por "baratos", a reemplazar granos, cereales y oleaginosas por tubérculos, frutas y hortalizas, cuando es menor el poder nutricional de los segundos frente a los primeros. La papa y el ñame tienen tres veces menos calorías y seis y media veces menos proteínas que el arroz, y los granos poseen hasta 32 veces más proteínas que la uchuva. La crisis también traerá subnutrición al impulsarse el consumo hacia estos bienes sustitutos, que además subirán de precio, porque su oferta no reaccionará de inmediato a los desplazamientos de la demanda, lo cual ya ha incidido en el alza del precio de la papa del 71,5 por ciento en lo corrido del 2008.

Los hechos ratifican que la seguridad alimentaria entendida como que "toda la gente, en todo momento, tiene acceso físico y económico a suficiente alimento nutricional y en forma segura, con el fin de suplir sus necesidades dietéticas y preferencias alimenticias" sólo puede garantizarse si la prioridad es la producción nacional de alimentos, lo que es todavía más viable en países con posibilidades tanto para variedades tropicales como de clima templado, como es Colombia. Estados Unidos, desde la Ley Agrícola de 1933, definió como objeto "mantener precios razonables y estables de productos agrícolas a los consumidores, proveer una oferta adecuada de los frutos agrícolas para las necesidades domésticas y foráneas" y esto lo hace al costo que sea necesario, relevando los alimentos básicos y la fibra para vestuario.

Sectores afines al Gobierno están adoptando al respecto posiciones diferentes a las oficiales. "Es hora de que el Gobierno se concentre en el tema y trace un plan de mediano y largo plazo para garantizar la seguridad alimentaria en el país" (Revista Dinero) o que "para producir comida -que es de lo que se trata- haría falta un remezón de la estructura agraria..." (Editorial de EL TIEMPO). Por fortuna, parece estarse gestando un consenso: construir la seguridad alimentaria nacional, como lo ordena el artículo 65 de la Constitución Política, hasta ahora desestimado, y desechar el modelo alimentario de Burkina Fasso propuesto por J. H. Botero, porfiado en la entelequia de una supuesta seguridad alimentaria "global".

Aurelio Suárez Montoya

publicado por ORGANIZACION COLOMBIANA DE ESTUDIANTES OCE-CAMILO TORRES

domingo, 4 de mayo de 2008

DEFENDER A CAPA Y ESPADA LA EDUCACIÓN PÚBLICA SUPERIOR

Sin una educación de alta calidad no es posible el progreso de Colombia

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en la audiencia pública “Por la defensa de la calidad en la universidad pública”, Recinto del Senado, 3 de abril de 2008
Mis saludos a todos ustedes y a quienes nos escuchan. Empiezo contándoles que hay 17 universidades públicas donde profesores y estudiantes están atentos a esta audiencia. Mis saludos a todos ellos y mis mejores deseos.
Voy a hacer una intervención sobre el impacto de la globalización en la educación pública colombiana. Pero antes de entrar en materia, quiero dar una buena nueva. Ayer el ministro de Agricultura tuvo que anunciar que revocaba la decisión de entregarle a un magnate las tierras de los desplazados de Carimagua. (Se oyen aplausos). Si este no fuera el país que nos han impuesto debería haber renunciado, porque o no tuvo la razón hace tres semanas cuando dijo que entregar así esas tierras era una maravilla, o no la tiene ahora cuando decide cambiar la orientación. Pero como en Colombia estamos, es probable que le den la Cruz de Boyacá.
Con el solo conocimiento no basta
Mencionemos muy brevemente una serie de criterios. Primera idea, la importancia del conocimiento. Sin conocimiento no hay progreso social de ningún tipo, no de ahora sino desde siempre. Sin el conocimiento no avanzan las ciencias naturales, nada avanza. Hay una frase sobre la que me gusta insistir, según la cual la tecnología es en buena medida la madre de todos los avances y la expresión material del conocimiento, la forma que toma el conocimiento. Y si el conocimiento es fundamental en las ciencias que llamamos naturales, en las ciencias sociales ni se diga. Casi podría uno decir que las ciencias sociales son conocimiento puro, la antropología, la filosofía, la literatura, etc. Luego enfaticemos en la idea: sin conocimiento no hay nada.

Segunda idea, que es la otra cara de la moneda: Con solo conocimiento tampoco avanzan los pueblos. El conocimiento es una condición necesaria pero no suficiente del desarrollo. De ahí que faltan a la verdad los neoliberales cuando se dedican a hablar de conocimiento y educación solo para hacer demagogia. Ocultan que yo puedo, por ejemplo, saber demasiado de agricultura, pero si los gobiernos me importan productos subsidiados, me destruyen mi agricultura. Un país puede saber mucho de medicina, pero si los hospitales no están abiertos a los habitantes, la gente se muere de cualquier enfermedad. Y sabemos que en el país hay millones de profesionales, especialistas en los más diversos asuntos del conocimiento, trabajando en lo que no es. El caso clásico es el de los taxistas, y lo digo con todo el respeto por esa profesión, que son sicólogos, filósofos, agrónomos. Luego es claro que con el solo conocimiento no basta. El desarrollo exige un progreso de tipo integral cuyo pilar sea el conocimiento, pero sin dejar de lado otros muchos elementos, también parte constitutiva del impulso al conocimiento.
Paso a mencionar otro aspecto, tan elemental que suena como a bobería. La educación es una manera de desarrollar el conocimiento, pero solo si hablamos de educación de alta calidad. Porque si no, se trataría en cierto sentido de una estafa. Lo que desarrolla a un país es que tenga muchos ingenieros, pero si son buenos ingenieros, es decir, si los títulos no son una especie de falsificación en documento público en el que se certifica que la persona sabe lo que no sabe. Este se nos vuelve entonces un asunto crucial, porque nos lo han intentado escamotear. El doctor Uribe habla todo el día del número de estudiantes que hay en Colombia, pero oculta la discusión sobre cuál es la calidad de la educación que se les está impartiendo a los jóvenes.
Relación estrecha entre el aparato educativo y el aparato productivo
Entre el aparato educativo y el aparato productivo se da de manera inexorable una estrecha relación. No es posible separar una cosa de la otra, porque no opera. Pongo un ejemplo sencillo: en una sociedad de cazadores y recolectores, por ejemplo, la de los nukak-makú, y lo digo también con todo el respeto por esos compatriotas, es una necedad establecer un laboratorio de física cuántica o de energía nuclear o de altos niveles de medicina, porque esa sociedad no lo requiere. Entender la relación entre aparato productivo y aparato educativo se nos vuelve fundamental, porque el tipo de educación que una clase dirigente instituye en una determinada sociedad es la que, a juicio de esa clase, se corresponde con las necesidades de dicha sociedad. Y esto me va llevando al punto en que pregunto cuál es el tipo de educación que quienes mandan en Colombia quieren establecer en Colombia en la época de la globalización, no en otra distinta, y cuál fue el tipo de educación o las instituciones superiores públicas que se establecieron cuando en el país había un pensamiento distinto entre las clases dirigentes con respecto al país que se quería.
Miremos brevemente qué está dispuesto para Colombia en la división del trabajo de la globalización neoliberal, qué disponen los planes del FMI sobre qué debe hacer Colombia en este mundo. Es un papel que los imperios les imponen a los países, no de ahora sino desde siempre. España les reservó a sus colonias en América un determinado papel que era el que a ella le convenía. En la globalización neoliberal, a algunos países de Asia, subdesarrollados inicialmente, se les pudo haber dispuesto desarrollar las manufacturas, y ese fue su papel. Pero a Colombia, a estas alturas, después de 17 años de globalización, ya puede uno saber a ciencia cierta qué es lo que le depara la globalización, particularmente con el Tratado de Libre Comercio.

Lo que depara a Colombia la actual división de trabajo
Primero. Especializarse en producir materias primas agrícolas y mineras para la exportación. ¿Qué es una materia prima? Un bien que se exporta con muy poca o ninguna transformación, con poco valor agregado y cuya producción exige poco desarrollo científico local. Ustedes entran a una gran mina de carbón y allí toda la tecnología es importada. El carbón se exporta como materia prima y el conocimiento nacional contribuye a ese desarrollo con muy poco o con nada, bueno, distinto del esfuerzo de los trabajadores.
Segundo. Especialización en maquilas. Lo poco que se hace de industria es en maquiladoras, por definición una industria de baja tecnología y que exige niveles no muy avanzados de especialización del conocimiento y de la mano de obra. Luego estamos hablando de un aparato productivo atrasado por definición y al que le corresponde un aparato educativo igualmente atrasado, que no intenta competir en el mundo con el conocimiento de punta y la gran tecnología, sino que es subsidiario, tributario de las transformaciones que se hacen en otras latitudes. Y lo poco que se deje para producir aquí para el mercado interno se lo toman las trasnacionales que, como es sabido, desarrollan la ciencia y la tecnología donde tienen sus casas matrices. Esta es una característica de la producción trasnacional en la división del trabajo. Aquí de pronto hay una ensambladora de automóviles, pero las partes complejas de la producción nos vienen como CKD, importadas de otras latitudes donde se han establecido avanzados niveles de producción.
El pensamiento único del FMI
Y en lo que tiene que ver con las ciencias sociales, ni se diga. Lo que allí predomina es la idea del pensamiento único, un pensamiento que se define en las metrópolis para la economía, el derecho, la filosofía, y se manda encapsulado para que nuestros estudiantes y profesores lo reproduzcan con toda mansedumbre, un conocimiento al que se le arrebata el fundamento científico y queda convertido en ideología barata, en instrumento de dominación y en herramienta para justificar una globalización inicua como la que se está estableciendo.

Luego podemos afirmar que el tipo de desarrollo que nos impone la globalización es un desarrollo de pacotilla. Se trata de hacer de Colombia un país de pacotilla, un país de quinta categoría. ¿Y esto cómo ensambla con el aparato educativo? Pues debe ser también un aparato educativo de quinta categoría, porque si no vamos a construir un país que valga la pena, para qué introducir un desarrollo que valga la pena. Se trata de implantar una educación pobre para un país pobre, tomado en su conjunto. Y en el caso de los individuos, una educación pobre para los pobres. Recordemos que la globalización incluye profundizar la desigualdad entre los países y de los individuos dentro los países. El aparato educativo que se termina configurando es exactamente eso.
Lo que dijo un rector de la Universidad Nacional
No sorprende por eso que la reforma académica que se empezó a impulsar en la Universidad Nacional de Colombia desde el gobierno del doctor Álvaro Uribe Vélez haya quedado resumida en una frase que he repetido mucho, una frase expresada por el rector de esos días, un académico sin duda de trayectoria: “Quizás estamos ‘enseñando demasiado’” Eso fue que lo dijo, no se le salió sin querer, lo escribió en un libro. “Quizás estamos ‘enseñando demasiado’ –y agregó–, entregando profesionales que superan los requerimientos del mercado”. Es la frase exacta. Esto, que parece absurdo y que cuando yo lo leí no logré comprenderlo, después descubrí que tenía toda la lógica. Hay que hacer una educación más mala, más recortada, con menos posibilidades, y lo he ilustrado muchas veces con este ejemplo: si no vamos a tener cultivos transitorios de trigo, maíz, cebada, porque se van a importar esos productos, para qué tantos años en una facultad de agronomía. Otra manera de ilustrarlo: si nuestros ingenieros electrónicos no van a trabajar en plantas de alta tecnología, sino que habrán de limitarse a vender tarjetas de celulares en los semáforos, para qué darles una educación de calidad. Y si nuestros economistas no van a desarrollar la ciencia económica, sino que van a ser simples repetidores del pensamiento único del FMI, pues tampoco se necesita una educación de alta calidad.

Se renunció expresamente a cualquier proyecto de modernidad
Lo que estamos presenciando es una renuncia expresa a cualquier pensamiento modernizante o a cualquier proyecto de modernidad. Y esa la contradicción de la universidad pública de hoy con la de antes y es por eso que la están deteriorando. La universidad pública se funda en la época en que hubo en Colombia un sueño modernizante, así fuera muy mediocre, pero lo hubo, al fin y al cabo. Colombia se debía parecer a los países desarrollados del mundo, decían las elites nacionales. La educación superior en Colombia debía parecerse a la de Alemania, a la de Estados Unidos. ¡El modelo neoliberal renuncia expresamente a ese sueño! Les parece que lo que se tiene es demasiado bueno, entre comillas, y que si se deteriora, no pasa absolutamente nada. Es tan expresa la renuncia del país a la modernidad que se ha abdicado de manera expresa a la soberanía nacional, el primer elemento de la modernidad. Hablar de modernidad sin soberanía nacional es un despropósito que no resiste el menor análisis. Y la globalización borra cualquier asomo de soberanía.
En concreto, globalización quiere decir privatización de la educación pública de todos los niveles y particularmente de la educación superior. Privatización significa que el Estado abandona en proporciones inmensas a los pobres y a las capas medias. Los abandona de distintas maneras: bajando la cobertura de la educación pública, pues hoy la mitad de la educación superior es privada y un 30% de la educación media, es decir, hay un abandono de la responsabilidad del Estado de educar a la gente. Se incrementan los costos de las matrículas, una manera de sacar de en medio a la gente y de financiar mal la universidad. Y se deteriora la calidad por todas las vías: mala financiación, deterioro de las condiciones laborales de los profesores, aumento de los catedráticos y disminución de los docentes de tiempo completo y toda una serie de prácticas que a lo que finalmente conducen es a menoscabar la calidad de la educación pública.

La educación como mercancía
¿Y qué sucede con la educación privada, a la que le están dando unas responsabilidades desproporcionadas? La educación privada funciona con la lógica de que es mercancía. Y de la misma manera que hay mercancías de alta calidad, las hay de muy mala calidad. Suelo poner el siguiente ejemplo: en el mundo se consiguen almuerzos superlativos de cien y ciento cincuenta dólares, pero también almuerzos de mil pesos, los dos, se supone, con la función de alimentar, pero de qué manera se marcan las diferencias. Lo mismo nos sucede con la universidad privada. Uno puede encontrar, dependiendo del precio que se pague, niveles relativamente altos o muy altos, pero también auténticos garajes para instalar muchachos y echarles el cuento de que los están educando bien. Esto como algo inevitable en este tipo de instituciones, porque la calidad depende del costo de la matrícula y la matrícula tiene que ser relativamente baja o muy baja porque los pobres y las capas medias no pueden pagar más. Entonces se vuelve consustancial el deterioro de la calidad.
Hay que defender a capa y espada la educación pública y particularmente la superior. No es posible resolver los problemas nacionales sin una educación de alta calidad. Y esa educación solo puede ser dada, en las condiciones de Colombia, por una educación pública, universal, que cubra a todos los habitantes sin excepción, y además gratuita, y cuando digo gratuita, es absolutamente gratuita. Estos no son inventos del Polo Democrático Alternativo, como tampoco el reclamo de que debe ser financiada adecuadamente por el Estado para que pueda ser de alta calidad. Así es en Francia, para poner un solo ejemplo. Esto no es ni siquiera socialismo. En Francia hay una educación universal de altísima calidad, gratuita, pagada por el Estado. Es un logro ya inventado, no nos pueden pedir que inventemos la bicicleta. Es el proyecto que hay que defender. Que es difícil de ganar, lo reconozco, como será también difícil sacar este país adelante.

Concluyo invitándolos a todos ustedes y en todos los sitios de Colombia, profesores, estudiantes y colombianos todos, a que entendamos que sin educación de alta calidad Colombia no podrá salir adelante, pero que se necesitan otras cosas. Y que esa educación de alta calidad debe ser una educación garantizada por el Estado a todos los habitantes del país. Pero que para conquistar este derecho, frente al proyecto retardatario de la globalización y de quienes lo agencian en Colombia, como el presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, nos toca movilizarnos, civilizada y democráticamente, pero movilizarnos, en la lucha social para cambiar profundamente a Colombia.

EL SEXENIO VACIO

¿De dónde viene entonces el 84 por ciento de popularidad? No son tantos, sumados, los favorecidos por este gobierno.
Por Antonio CaballeroFecha: 04/26/2008 -1356 Al cabo de seis años de gobierno, las encuestas muestran que el presidente Álvaro Uribe tiene una popularidad del 84 por ciento, y sigue creciendo. Se impone una pregunta: ¿por qué?Dejemos de lado el tema de la legitimidad, puesta bajo sospecha por el origen paramilitar y forzoso de un buen tercio de los votos populares del uribismo tanto en la primera como en la segunda elección, y también en el caso de ésta por la turbia componenda de los votos parlamentarios de Yidis y Teodolindo que la hicieron posible. Una ilegitimidad de origen puede verse políticamente compensada y perdonada por el éxito práctico. Pero resulta que más evidente aún que su ilegitimidad de origen es la absoluta falta de éxito de los gobiernos de Uribe en todos los campos imaginables: en lo político, en lo económico, en lo administrativo, en lo moral. Mírese como se mire, salta a la vista que al 84 por ciento de los colombianos no les ha ido bien en este sexenio, y tampoco a Colombia tomada en su conjunto. La pobreza persiste, la violencia no ceja, la corrupción aumenta (aunque no hasta el punto de que puede favorecer a 84 de cada 100 colombianos). Y aumenta también el desempleo, salvo en el rubro de la politiquería: cada político uribista tiene por lo menos un hijo embajador, y hasta a la modesta Yidis le prometieron tres puestos y un consulado (aunque le pusieron conejo). Todo va mal, y va para peor. ¿Por dónde empezar?Esos funcionarios nombrados por Uribe, de ministro para abajo: ineptos, o dañinos, o en el mejor de los caos inocuos. Al cabo de tres cancilleres sucesivos, de los cuales la primera hablaba inglés, la segunda francés y el tercero no sabe, no contesta, el aislamiento diplomático de Colombia es mayor que nunca en su historia. Rodeada de vecinos hostiles (Venezuela, Nicaragua, Ecuador), sólo le queda la alianza moribunda de los Estados Unidos, que no le ha servido ni siquiera para que sea aprobado el tan anhelado (por Uribe) Tratado de Libre Comercio. Sesenta y tres parlamentarios de los dos partidos y los dos precandidatos presidenciales del partido demócrata critican a Uribe, que los califica de ignorantes, y hasta el embajador de Bush le hace censuras y advertencias. Al cabo de tres ministros de Hacienda sucesivos el crecimiento de la economía colombiana es el más bajo de la región, y el desempleo es el más alto (pese a que crece el río de la emigración, que ya ha llevado a la décima parte de la población del país a buscar trabajo en el extranjero). Con un Ministro de Agricultura recomendado por el presidente Uribe como el líder del futuro el sector agropecuario ha venido hundiéndose, ha expulsado hacia las ciudades a otra décima parte de la población, ha convertido al país, de exportador que era, en importador de alimentos. En el agro sólo crecen los cultivos ilícitos (y tal vez sería cosa de empezar a prohibir y perseguir el maíz, a ver si mejora). Dos ministros de Medio Ambiente, una perjudicial y otro anodino, les han entregado los bosques a las empresas madereras y han fumigado los parques naturales. Un inamovible Ministro de Transporte ha hecho mal todas las licitaciones de obras públicas, ensartando a la Nación en costosos pleitos perdidos, y ha sido incapaz de terminar (o aun de empezar) una carretera o un puerto o un puente o un túnel.

¿La seguridad democrática, tal vez? ¿La defensa, el orden público? Sí. Sin duda es ese aspecto el que más ha hecho por mantener por las nubes la popularidad del presidente Uribe. Una fanfarronada de matón de barrio como fue el bombardeo de un campamento de las Farc en territorio ecuatoriano halagó los más bajos instintos del patrioterismo, y de paso logró un "positivo cierto" dentro de la catarata de "falsos positivos" que venía presentando el Ministerio de Defensa: la muerte de uno de los miembros del Secretariado de las Farc. Con un costo diplomático descomunal, resultado de la violación del principio panamericano del respeto de las fronteras. A un costo moral inconmensurable, la mano cortada a cambio de un premio en metálico, se dio de baja a otro miembro del Secretariado. El costo económico de la guerra contra la guerrilla ha sido también considerable: en pie de fuerza, en armamento, en sobornos, en subvenciones para desertores. Y del lado de enfrente ha sido también inmenso, en dinero y en erosión de la justicia, el tratamiento del paramilitarismo, que sigue sin embargo casi intacto. Había doce mil paramilitares, se entregaron cuarenta mil y quedan ocho mil más, cuya violencia sigue.La salud está en quiebra: cerrados los hospitales, las EPS en manos de los narcoparapolíticos, y al borde de la privatización incluso el Hospital Militar.¡Ah! Y lo del DAS.¡Ah! Y lo del primo y los otros sesenta uribistas presos.Y entre tanto, el Presidente ha conseguido enemistarse casi con todo el mundo en el país. Con los altos tribunales de justicia. Con los estudiantes y los maestros. Con los parientes de los secuestrados. Con los partidos de la oposición. Con los sindicatos. Con la prensa.¿De dónde viene entonces ese 84 por ciento de popularidad? No son tantos, sumados los favorecidos por este gobierno: delatores recompensados, politiqueros con contrato, empresarios (nacionales y extranjeros) beneficiados por subsidios y exenciones de impuestos y contratos de "estabilidad jurídica" por los que pactan ventajas tributarias y aduaneras. Serán, echando por copas, unas cien mil personas.Los demás del 84 por ciento no son uribistas de convicción, sino uribistas de fe. Fe es creer lo que no vemos.

Publicado por OCE-"CAMILOTORRES"

lunes, 28 de abril de 2008

UN APARATO EDUCATIVO RETARDATARIO, BALANCE DE 17 AÑOS DE GLOBALIZACIÓN



Jorge Enrique Robledo, Senador PDA


Un aparato educativo retardatario al servicio de una producción atrasada es lo que dejan 17 años de globalización neoliberal, afirmó el senador Jorge Enrique Robledo durante la audiencia pública “En defensa de la calidad en la educación pública superior”. El evento, que tuvo lugar en el Capitolio Nacional, fue instalado por el doctor Carlos Gaviria, presidente del Polo Democrático Alternativo, quien hizo una cerrada defensa de la autonomía universitaria.
El TLC suscrito con Estados Unidos le impone a Colombia especializarse en maquiladoras y en producción de materias primas mineras y agrícolas, sin mayor valor agregado, lo que no requiere un grande avance del conocimiento en ciencias naturales. No habrá tampoco desarrollo de las ciencias sociales, pues se pretende encasillar las mentes en el pensamiento único del Fondo Monetario Internacional, “nada de pensamiento científico; simple ideología barata que funciona como instrumento de dominación”.
En el intento por hacer de Colombia un país de pacotilla, no sorprende lo afirmado por el primer rector de la Universidad Nacional en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, quien protestaba porque “quizás estemos ‘enseñando demasiado’, entregando un profesional que supera los requerimientos del mercado”. Si en Colombia se van a acabar el trigo y demás cereales, apenas lógico que los reformadores del gobierno vean que son demasiados cinco años de carrera en agronomía. Y para qué cinco años de ingeniería industrial o mecánica, si todo lo avanzado de la tecnología se importa de las trasnacionales. Según Robledo, los gobiernos neoliberales han renunciado a cualquier proyecto modernizador que busque hacer de Colombia un país parecido a las naciones industrializadas de la Tierra.
“Globalización significa privatizar”, que el Estado abandone su responsabilidad de educar a la gente, de tal modo que la mayor o menor calidad en la enseñanza quede sujeta a la lógica del mercado y al mayor o menor costo de la matrícula.
Para desarrollar a Colombia se necesita una educación científica de altísima calidad, a tono con lo más avanzado del planeta, lo que no será posible mientras los sectores democráticos no salgan en defensa de una educación pública adecuadamente financiada por el Estado, universal y absolutamente gratuita, concluyó el senador del Polo Democrático.
Publicado por Organizacion Colombiana De Estudiantes -OCE- Secundaria

lunes, 20 de agosto de 2007

ORGANIZACION COLOMBIANA DE ESTUDIANTES
OCE "CAMILO TORRES"
POR UNA EDUCACION GRATUITA Y DE CALIDAD
AL SERVICIO DE LAS MAYORIAS

ORGANIZACION COLOMBIANA DE ESTUDIANTES OCE-"CAMILO TORRES"